Un año de ella, un año de mí

Este mes el podcast y este espacio son para ella. Para mi hija. La que me mira cada mañana con una sonrisa que me devuelve el alma y me recuerda que Dios siempre hace milagros, incluso en los días en los que creemos estar más cansadas, más rotas o más perdidas. A veces llegan en forma de fuerza para seguir, de paz en medio del caos o de una pequeña sonrisa que nos recuerda que nunca hemos estado solas.

Cumpliste un año, hija mía… y justamente días antes de tu cumpleaños tuviste un virus con vómito y diarrea. Verte así me asustó profundamente, porque cuando una mamá ve a su bebé enfermo quisiera quitarle todo el dolor con las manos.

Pero aun en medio de tu malestar seguías sonriendo, jugando y abrazando la vida con una luz que me dejaba sin palabras. Definitivamente eres una de las bebés más fuertes y felices que he conocido. A veces creo que eres de otro planeta por la paz y el amor que transmites.

Me demoré un poco más en escribir este episodio porque mi corazón estaba atravesando esa
nostalgia silenciosa de ver crecer a tu bebé… y si eres mamá sabes exactamente de qué hablo.
“Sostener” y “contener” se convirtieron en palabras sagradas para mí este año. Porque eso es lo que una mamá, y sobre todo una primeriza, necesita mientras aprende a no perderse dentro de todo lo nuevo que está viviendo.



Este año conocí el dolor, el rechazo, el abandono y también la decepción de personas que alguna vez idealicé. Pero también conocí una versión de mí más sensible, más humana y más real.

Hubo días donde no entendía cómo seguía funcionando. Cómo mi cuerpo caminaba, alimentaba y sostenía cuando ni siquiera sabía cómo sostenerme a mí misma. Hubo cansancio, frustración, olvidos, puertas abiertas, teteros olvidados, llanto sin razón y una sensación constante de tener el mundo de cabeza.
Y sí… llegó el famoso baby brain, el baby blues, las lágrimas inesperadas y esos días donde sentía que nada salía bien.

Estudios recientes de neurociencia publicados por investigadores de la University of California, Santa Barbara muestran que el cerebro de una mujer cambia durante el embarazo y el posparto. Áreas relacionadas con la memoria, las emociones, el apego y la adaptación materna atraviesan transformaciones reales mientras aprendemos a cuidar una vida.

Entonces no, mamá… no estás loca. No estás fallando. Tu cerebro, tu cuerpo y tu corazón están
atravesando una transformación inmensa mientras intentas sostener a tu bebé y muchas veces seguir sosteniéndote a ti misma al mismo tiempo.
¿Y cómo sobrevivir a ello? Con más compasión hacia ti. Durmiendo cuando puedas aunque la casa no esté perfecta. Pidiendo ayuda sin culpa. Comiendo aunque no tengas ganas. Llorando cuando lo necesites. Hablándote bonito. Y recordando que no tienes que hacerlo todo perfecto para ser una buena mamá.

Este año también entendí algo importante: el amor de una madre no siempre se ve perfecto, pero aún roto, cansado y confundido… sigue estando. Sigue sosteniendo. Sigue amando.
Y tú, hija mía, me enseñaste eso.

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